Empezaré este blog con un texto que escribí hace un par de meses, porque creo que describe mi estancia en el espacio-tiempo.
Tijuana es una combinación de imágenes y palabras que se suceden. Una realidad un tanto saturada, que admite e incorpora lo diverso.
De noche, ofrece un jugueteo de luces estridente, que le da un aire cosmopolita. Y por la tarde está el mar, que la delinea, y como tributo le regala inmensidad.
Ser parte de Tijuana es inventarle una historia más, sumarse al caleidoscopio que la define. Y eso, definitivamente, me mantiene aquí.
El día que llegué encontré trabajo. Eso fue hace 22 años. Desde entonces, la oportunidad de crecer no me ha abandonado.
No sé si mi apego a esta frontera obedece a algún instinto. Me interesan sus historias, me maravilla la cantidad de información ante mis ojos.
Me siento orgullosa de vivir en un lugar donde pocas cosas nos extrañan, donde se sintetiza la condición humana.
Esta ciudad nos retiene a compartir, en circunstancias afines, los hábitos, el tiempo, las noticias, las oportunidades…
No es gratuito que proliferen músicos, ideas creativas, y proyectos de arte por los que Tijuana es conocida en el ámbito global. Es como si Tijuana tuviera varias capas, distintas realidades que se cruzan, se superponen. En una de ellas crece el movimiento creativo, al que cada vez se suman más propuestas. Escuelas de arte, festivales, talleres, conciertos y proyectos independientes.
Cómo no ser parte de este movimiento que se da en circunstancias difíciles. Cómo irse ahora, abandonar esta ciudad, cuando las empresas empiezan a darse cuenta de que apoyar la calidad creativa las engrandece.
Para mí Tijuana-San Diego es la frontera de los blogs, de los conciertos, de las artes, de la diversidad, de los grandes retos. En esta frontera encontré mi vocación, la posibilidad de vivir entre dos culturas. Saber que puedo cambiar de país por unas horas me oxigena. La mitad de mi familia vive en “el otro lado”. Papá/San Diego, mamá/Tijuana, hermano/San Diego, hermana/Tijuana… en fin, la frontera nos divide y nos mantiene unidos.
Aquí estudié Literatura Hispanoamericana en la UABC. Aquí nació mi hija. Aquí transito entre ideas, cultura, publicidad altruista, comercial, creativa… y desde una fábrica de ideas llamada Fotográfika, busco estrategias para mejorar mi entorno, intento crear alianzas y mover conciencias para fortalecer a Tijuana.